Voluntariedad, pragmatismo, transparencia y futurabilidad para cambiar el mundo

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Colaboración por: Roberto Carvallo Escobar, director de Terraética y creador de Resiliente Magazine

Podemos decir por ahora que las tres características esenciales de la Responsabilidad social son: voluntariedad, pragmatismo y transparencia. Ahora bien, en el caso de la Sustentabilidad, la característica más importante es la futurabilidad, y en específico, la preocupación por el futuro.

La visión de una estabilidad a futuro y una proyectabilidad del ser en tiempos posteriores proviene desde la misma esencia del hombre, tanto visto desde una perspectiva ontológica como epistemológica. A mediados del siglo XX Heidegger realizó un diagnóstico antropológico del hombre y de su ontología y logró encontrar precisamente la esencia más fundamental del hombre: la futurabilidad con la que se proyecta a sí mismo.

Heidegger encuentra que la idea del futuro para el hombre y para las personas es absolutamente primordial. El futuro es entonces aquello en lo que la conciencia se justifica y con lo cual el hombre logra llegar a tener la causalidad de persona y por lo mismo, adquiere su sociabilidad y su existencia, siendo ésta una existencia para otros, situación recíproca para hablar de personas en el contexto ético que inexorablemente debe contener.

Y es importante la noción del futuro para la Responsabilidad social porque ésta última nace como respuesta para contrarrestar los evidentes síntomas que surgen de las malas prácticas empresariales en el mundo, cuyos efectos nocivos deterioran inexorablemente el bienestar de las sociedades y de sus entornos.

El hombre ha sido consciente de los efectos nocivos de las prácticas irresponsables de la industria y de los gobiernos desde hacer siglos, y con mayor medida desde la Revolución Industrial. Los efectos de la Modernidad eran bien conocidos y temidos ya desde pocas décadas después de la llegada de la maquinaria a la industria. El trabajo de Malthus es un ejemplo de dicha preocupación y del conocimiento de los efectos nocivos del crecimiento poblacional potenciado por el mejoramiento de las condiciones de vida de las sociedades inglesas.

El hombre ha notado en todo momento que puede influir en su entorno y que es capaz de modificarlo. Si bien el hombre ha dependido históricamente de situar sus comunidades en terrenos benéficos y con disposición relativamente fácil de recursos, ha logrado hacer cambios tan significativos en su entorno que ha modificado totalmente la diversidad y hasta el clima en regiones enteras.

Un ejemplo de ello es lo acontecido en el Mar de Aral. Otro ejemplo es el de la Isla de Pascua y muchos otros más que dan pie a la imaginación de qué tanto los hombres en estos lugares eran conscientes del cambio que ocasionaban. Creo que en la mayoría de los casos es trivial preguntarse si sabían estas comunidades del daño que estaban ocasionando en su entorno pues ese era visible. Pero lo que sí es debatible es considerar si conocían el alcance que tendrían sus acciones. Y aun aceptando, como el sentido común dicta, que no sabían aquellas civilizaciones de los estragos que causarían, cabría preguntarse por la importancia que le daban a la escasez de sus recursos naturales (sabedores de la relevancia para su supervivencia como sociedad). Es decir, ¿qué tan prioritario era para ellos la manutención del entorno, sabiendo que de él obtenían de él sus recursos naturales? ¿Estaba el entorno y la disponibilidad de recursos naturales en su escala de valores?

No es necesario analizar todo esto muy profundamente para ver que, en la mayoría de estos casos, fue prioritario para ellos, en vez, la manutención de sistemas de creencias tanto políticas como religiosas. El entorno de recursos, entonces, pasó a un segundo nivel. Lo cual no quiere decir tampoco: 1) que no les haya sigo importante el ambiente, 2) que no conocieran los efectos que ocasionaban, 3) que fueran ignorantes y ciegos de lo dañino de sus prácticas. Lo que, en cambio, sí se extrae de aquí es uno de los factores más importantes que abrieron paso a la Responsabilidad social: democracia de información y la transferencia de conocimiento a escala social y global.

La democratización de la información va allende a la mera globalización financiera o económica de una empresa. Va allende la tras-nacionalidad de las corporaciones y la pana-continentalidad de las cadenas productivas y de distribución. La democratización de la información no se trata solamente de saber, por ejemplo, que una empresa europea logra distribuir sus productos en latino-américa, cuyo diseño se realizó por estudios de Nueva York, cuya maquila fue realizada por empresas en Asia, usando recursos de Bangladesh. No. La democratización de la información que resulta en la Responsabilidad social se expresa en el conocimiento y la información del grado de influencia y afectación de la cadena de producción y distribución, sea nacional e internacional, sean pocos o muchos agentes los involucrados. Y más aún, la agencialidad involucrada incluirá no solamente a las empresas de las cadenas de valor sino que se extienden a todo tipo de agentes, incluidos el entorno ambiental, el tejido social y las futuras generaciones. Es de la mayor importancia incluirlas y es gracias al intercambio de información que se logra dicha inclusión.

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