La iniciativa de Ayuda para el Comercio como herramienta eficaz para aumentar la resiliencia climática

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Foto: Annie Spratt/ Unsplash

Por: ONU Medio Ambiente

Cuando el primer ministro de Tonga, ‘Akilisi Pōhiva, rompió en llanto en una cumbre regional sobre cambio climático, en agosto, expresó la agonía de los habitantes de las islas del Pacífico que se enfrentan a los efectos más visibles del calentamiento global y el aumento del nivel del mar.

Durante un retiro de líderes en el Foro de las Islas del Pacífico, Pōhiva lloró al reflexionar sobre una presentación que habían dado dos jóvenes acerca de sus temores sobre el futuro.

Tonga y otros estados insulares del Océano Pacífico son particularmente vulnerables a los efectos del calentamiento global. El aumento del nivel del mar representa una amenaza existencial para muchas de estas comunidades, cuyas naciones en desarrollo a menudo tienen economías frágiles y pocos recursos para lidiar con las consecuencias de eventos climáticos extremos -cada vez más frecuentes-.

Esta fragilidad se debe en parte a la geografía: la lejanía de las islas del Pacífico, el pequeño tamaño de sus mercados y la reducida disponibilidad de recursos contribuyen a que el comercio sea costoso y a una vulnerabilidad frente a las conmociones externas, como los desastres naturales y las fluctuaciones en los precios de las materias primas.

Pero estos obstáculos no tienen por qué ser sinónimo de desastre. El comercio puede desempeñar un papel fundamental en la creación de sistemas más resilientes al facilitar el intercambio de bienes, servicios y tecnologías diseñados para ayudar a las naciones a mitigar el cambio climático, adaptarse a sus efectos y construir resistencia frente a los choques ambientales y económicos.

Un estudio reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la Unión Europea y otros aliados demostró que el aumento del comercio de tecnologías que respeten el medio ambiente -como las relacionadas con energías renovables y gestión de residuos y agua-, puede desempeñar un papel importante en el apoyo a la acción climática y la construcción de resiliencia, así como facilitar la transición hacia economías más verdes y circulares.

La iniciativa de Ayuda para el Comercio (AfT), encabezada por la Organización Mundial del Comercio, está diseñada para acompañar a los países en desarrollo a superar sus limitaciones y participar en el intercambio mundial de mercancías.

El objetivo es convertir el sistema comercial global en una herramienta poderosa para que las naciones más pobres del mundo alcancen los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Cada vez surgen más llamados para que esta iniciativa apoye más a los países en desarrollo a luchar contra el cambio climático, y se centre en áreas que contribuyan a los objetivos ambientales y económicos de los Estados.

Los países en desarrollo enfrentan el desafío de la ‘doble exposición’ tanto a los choques económicos como a los riesgos ambientales, que han sido exacerbados por el cambio climático“, dijo Anja von Moltke, jefa de la Unidad de Medio Ambiente y Comercio de ONU Medio Ambiente.

“Las inversiones de Ayuda para el Comercio constituyen aproximadamente 30% del total de ayuda oficial al desarrollo. Integrar las consideraciones ambientales en esta iniciativa podría ser un mecanismo eficaz para construir resiliencia climática. Esto es particularmente importante para los pequeños Estados insulares en desarrollo, que son altamente vulnerables a los impactos del cambio climático”, añadió.

A medida que el mundo enfrenta los efectos de la crisis climática, la Organización de las Naciones Unidas busca alcanzar un consenso global para construir políticas sociales, económicas y ambientales que garanticen la supervivencia del planeta.

La Cumbre sobre la Acción Climática que se celebrará en Nueva York el 23 de septiembre de 2019 ofrece a los Estados Miembros la oportunidad de asumir compromisos concretos sobre la reducción de emisiones para frenar el calentamiento global.

El secretario general de la ONU, António Guterres, dijo que se necesitará “una acción audaz y una mayor ambición” para limitar el aumento global de temperatura a 1,5°C y evitar los peores efectos del cambio climático.

El “cambio rápido y profundo” que pondría al mundo en el camino hacia la sostenibilidad debe aprovechar el poder del comercio para transitar desde una economía global contaminante hacia una economía verde que proteja el planeta, los empleos y las personas.

Para los Estados insulares del Pacífico, no hay tiempo que perder.

El Informe Global de Riesgos 2018 le otorgó a Vanuatu la calificación más alta de riesgo de desastre y ubicó a Tonga en segundo lugar debido a la exposición de las islas a eventos naturales extremos, como ciclones o terremotos, y al aumento del nivel del mar. Nueve Estados insulares se encuentran entre los 15 países con mayor riesgo de desastres.

En 2015, el ciclón tropical Pam devastó Vanuatu y causó una caída de 64% en el producto interno bruto de la isla.

El ciclón fue seguido por una severa sequía que afectó a la agricultura y el turismo, dos sectores clave de exportación. Vanuatu también está experimentando otros efectos negativos del cambio climático, incluido el aumento de la temperatura del aire, niveles más altos de acidificación en los océanos y blanqueamiento de corales.

Las inversiones de la Ayuda para el Comercio en infraestructura sostenible, energía limpia, agricultura climáticamente inteligente y ecoturismo, por ejemplo, pueden ayudar a naciones insulares del Pacífico, como Vanuatu, a construir resiliencia al tiempo que respaldan la diversificación de las exportaciones hacia sectores sostenibles y crean empleos verdes.

El reciente estudio de ONU Medio Ambiente destaca que el comercio de tecnologías limpias puede ofrecer oportunidades de triple ganancia al promover el desarrollo económico, la creación de empleo y la innovación, al tiempo que aumenta la resiliencia.

El potencial de Ayuda para el Comercio se destacó en julio durante la Revisión Global 2019 de la iniciativa, en la sede de la Organización Mundial del Comercio, donde ONU Medio Ambiente y la Unión Europea organizaron un evento para discutir cómo este mecanismo puede ser un vehículo para la resiliencia climática.

“En ONU Medio Ambiente vemos un gran potencial para que las comunidades de comercio, desarrollo y medio ambiente trabajen más estrechamente en la búsqueda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París”, dijo Steven Stone, jefe de la subdivisión de Recursos y Mercados de ONU Medio Ambiente.

“Las políticas coherentes y los marcos de inversión, el desarrollo de capacidades y las alianzas son clave para hacer que el comercio funcione mejor para las personas y el planeta”, agregó.

En la reunión se destacó que el comercio puede ayudar a construir resiliencia al mejorar el acceso a una gama de tecnologías de mitigación y adaptación; desbloquear mercados para empresas sostenibles emergentes; aumentar la disponibilidad de servicios; reducir la vulnerabilidad a conmociones repentinas o cambios en los flujos de recursos; y diversificar la economía.

En un informe conjunto publicado por ONU Medio Ambiente y la Organización Mundial del Comercio titulado Hacer que el comercio funcione para el medio ambiente, la prosperidad y la resiliencia, la iniciativa Ayuda para el Comercio se presenta como una herramienta importante para la sostenibilidad.

Si bien los Estados insulares del Pacífico se encuentran entre los más vulnerables, ningún país es inmune al riesgo de desastres más frecuentes y devastadores. El año pasado, las catástrofes naturales causaron daños valorados en US$ 160.000 millones de dólares y se cobraron más de 10.000 vidas. En 2017, el costo fue aún mayor -US$ 350.000 millones- debido a la ferocidad de la temporada de huracanes en el Atlántico.

Los países africanos también están expuestos, ya que algunos enfrentan un posible aumento de temperatura de entre 3°C y 4°C para fines de siglo. En África occidental, por ejemplo, la dependencia de actividades sensibles al clima como la agricultura de secano, la cría de ganado, la pesca y la silvicultura aumentan la exposición de los países a variaciones climáticas extremas.

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