Cómo evitar un rebote de las emisiones en la reactivación post-pandemia

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Compartimos esta nota como colaboración con el Grupo de Acción Climática, un equipo interdisciplinario que busca impulsar la agenda hacia una mitigación y adaptación efectiva del cambio climático. Este proyecto es desarrollado por Mauro Accurso y si te gustó su contenido puedes suscribirte para recibirlo semanalmente en este enlace.

“Este año es la última chance que tenemos, si no queremos ver un rebote de carbono. Los próximos 3 años determinarán el curso de los próximos 30 años y más allá. Si no tomamos acción, es seguro que veremos un rebote en las emisiones y será muy difícil reducirlas en el futuro.

Es por eso que estamos instando a los gobiernos a que tengan paquetes de recuperación sostenibles”, aseguró Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés).

Luego de una caída drástica de las emisiones CO2 en los últimos meses debido al cierre de las economías debido al COVID19, ya los científicos están registrando un rebote acelerado mientras se empiezan a relajar las cuarentenas sobre todo en los países desarrollados.

A principios de abril, las emisiones de CO2 globales diarias habían caído 17% con respecto a 2019. Pero para mediados de junio las emisiones resurgieron,llegando a apenas 5% por debajo de los promedios de 2019. Y en algunos países como China, las mediciones indican que ya se ha vuelto a los niveles pre-pandemia.


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Los autores de esos análisis publicados en Nature Climate Change, están sorprendidos por la velocidad en que las emisiones rebotaron. “Todavía tenemos los mismos autos, las mismas plantas de energía y las mismas industrias que antes de la pandemia. Sin un cambio estructural grande, las emisiones volverán como antes”, afirmó Corinne Le Quéré, científica meteoróloga de la University of East Anglia de Inglaterra en el NYT.

En ese contexto, la IEA calcula que los gobiernos del mundo están planeando invertir 9 trillones de dólares en los siguientes meses para rescatar sus economías de la crisis del coronavirus. Esos paquetes de reactivación serán los que den forma a la economía global en los próximos años, el mismo período que necesitamos ver una caída en las emisiones firme o los objetivos climáticos serán inalcanzables. 

Por eso, la IEA lanzó la semana pasada un Plan de Recuperación Sostenible que está diseñado para evitar el tipo de repunte fuerte en las emisiones de carbono que acompañó la recuperación económica de la crisis financiera mundial de 2008-2009 y generar que las emisiones entren en un declive estructural.

Sectores clave para lograr una recuperación sostenible

El plan de la International Energy Agency se enfoca en una serie de acciones que revitalicen las economías y generen empleo al mismo tiempo que se transforma a los sistemas energéticos en más limpios y resilientes. En colaboración con el FMI, el reporte propone invertir 1 trillón de dólares anuales durante los próximos 3 años (0.7% del PIB global hoy) y calcula que se crearán 9 millones de nuevos empleos en construcción y manufactura asociados con la transición energética.

El plan identifica los sectores clave donde invertir fuerte para la recuperación sostenible:

  • Energía: electrificación de las redes, despliegue acelerado de proyectos eólicos y solares, y modernización de las plantas de energía hidroeléctrica y nuclear.
  • Edificios: medidas de construcción eficiente y renovación de edificios como aislamiento, sellado de aire, reemplazo de equipos ineficientes e instalación de bombas de calor y sistemas de energía renovable que usan calentadores de agua solares y calderas de biomasa.
  • Transporte: nuevos vehículos eléctricos, transporte de larga distancia (trenes de alta velocidad, barcos y camiones eficientes), autos más eficientes e infraestructura urbana (redes de recarga para autos eléctricos, mejoras en transporte público e infraestructura para bicis).
  • Industria: medidas de eficiencia energética en fábricas (motores eléctricos mejorados, bombas de calor y bombas de riego agrícola, y sistemas de gestión de energía) y eficiencia en el uso de materiales (manejo de desechos).
  • Combustibles: apoyo a biocombustibles y reducción en las emisiones de metano del sector fósil.
  • Innovación: nuevos desarrollos en hidrógeno, baterías, captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS) y pequeños reactores nucleares modulares (SMR).

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Queda claro que este plan tiene una visión marcadamente tecnooptimista que deja de lado el enorme aporte de emisiones de la agricultura y no ataca las causas subyacentes de la crisis ecosistémica. Pero esta guía para la recuperación verde, además tendría beneficios en la salud al reducir los contaminantes del aire un 5% y brindando acceso a 420 millones de persona a soluciones de cocinas limpias y electricidad para 270 millones de personas. 

A la hora de invertir en una recuperación verde como esta, la política tiene que hacer un gran esfuerzo de incentivar la inversión privada y la colaboración internacional, pero también entender el impacto que puede tener en industrias no sostenibles y, sobre todo, en el empleo, un debate clave a futuro exacerbado por la profunda crisis económica.

En ese sentido, Teresa Ribera, Vicepresidenta cuarta del Gobierno de España y ministra para la Transición Ecológica, lo plantea claramente: “No podemos permitirnos perder tiempo y recursos en reformas a contracorriente que promuevan retrocesos y nos embarquen en espejismos de bonanza de corto recorrido y alto coste ambiental. El desarrollo socioeconómico y la sostenibilidad medioambiental no solo son compatibles, sino que van de la mano. Algunas de las pautas de salida de la crisis son claras: procurar una recuperación rápida, apoyando a los sectores con potencial de tracción económica y generación de empleo, reduciendo nuestra vulnerabilidad frente al exterior y construyendo un futuro sostenible y respetuoso con los límites del planeta”.

Cuando termine 2020, se calcula que las emisiones serán 8% inferiores que en 2019: el porcentaje de caída más grande desde la segunda guerra mundial. Estamos entonces en una encrucijada para llevar a la economía global a desacoplarse del aumento de las emisiones de carbono. Las decisiones próximas y urgentes de los gobiernos dictarán cuánto se calentará el planeta en el futuro.

“Con inversiones serias en la descarbonización, la trayectoria actual podría ser mucho menor. De hecho, aplanar la curva de emisiones necesita trazar una trayectoria totalmente nueva”, explicaron Ryan Hanna, Yangyang Xu y David G. Victor, en un artículo de Nature.

Estos investigadores especializados en energía, ciencias atmosféricas y oceanografía (respectivamente), detallaron cómo las inversiones verdes deben brindar empleo para lograr tracción política, y concluyeron: “El mundo está hoy en otra coyuntura crucial para la política climática. Los trillones dedicados al estímulo, hasta ahora, han tratado de estabilizar las economías y los trabajadores. Con un nuevo enfoque que mire más hacia el futuro, las próximas oleadas de gasto también deben ayudar a proteger el clima”.


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