Cómo atacar las causas profundas de la crisis climática y ecosistémica

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Foto: Adeolu Eletu (@adeolueletu)/ Unsplash

Compartimos esta nota como colaboración con el Grupo de Acción Climática, un equipo interdisciplinario que busca impulsar la agenda hacia una mitigación y adaptación efectiva del cambio climático. Este proyecto es desarrollado por Mauro Accurso y si te gustó su contenido puedes suscribirte para recibirlo semanalmente en este enlace.

Entre tantas listas y resúmenes del año y de la década, quizás pasó un poco desapercibido que la argentina Sandra Díaz fue destacada por la revista Nature (ve aquí la lista de las 10 personas que importaron en ciencias en 2019) como una de las científicas más relevantes de 2019 por ser una “guardiana de la biodiversidad”.

El reconocimiento se debió a su liderazgo en el desarrollo del último reporte del IPBES (Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services) que significó una evaluación global exhaustiva del estado de la biodiversidad del planeta y sus servicios ecosistémicos.

La evaluación del IPBES (clic aquí para ir a su sitio web) tuvo un alcance mediático y político sin precedente y, según Díaz, sirvió para remarcar que “la velocidad a la que las especies se extinguen es, al menos, decenas a cientos de veces más rápida de lo que ha sido en promedio en los últimos diez millones de años”, por lo cual, “nuestra red de seguridad está estirada casi hasta el punto de ruptura”.

A partir de este diagnóstico demoledor de la situación ecosistémica y su impacto en los humanos, Díaz junto a varias decenas de colegas científicos publicaron recientemente un paper en la revista Science (ver aquí) que funciona como un resumen compacto de la evaluación y una propuesta hacia un cambio sistémico que nos permita encontrar como humanidad un camino que nos lleve a la sostenibilidad global.

Para entender la transformación que necesitamos realizar, primero hay que analizar cuáles son los motores clave que están afectando a la naturaleza y al “tejido de la vida”. Los impulsores (drivers) directos de este cambio han sido (en orden decreciente según su impacto relativo global): el cambio de uso de la tierra y el mar, la explotación directa de los organismos, el cambio climático, la contaminación y la expansión de especies invasoras. Si nos enfocamos en los ecosistemas terrestres y de agua dulce, la evaluación de IPBES explica que “el cambio de uso de la tierra es lo que mayor repercusión negativa relativa ha tenido sobre la naturaleza desde 1970, seguido por la explotación directa –en particular la sobreexplotación– de animales, plantas y otros organismos, principalmente mediante cosecha, explotación forestal, caza y pesca”.

Entonces, a partir de estos impulsores directos de la degradación ecosistémica, se pone la lupa en las causas subyacentes (o “impulsores indirectos del cambio”) que están respaldadas por distintos valores y comportamientos sociales. Entre ellos se incluyen:

  • Hábitos de producción y consumo
  • Dinámicas y tendencias de la población humana
  • Comercio
  • Innovaciones tecnológicas
  • Sistemas de gobernanza

Analizando todo el complexo sistema mundial, los autores investigaron cuáles son nuestros “futuros posibles” y cómo encontrar las palancas que cambien la situación y nos saquen de este camino catastrófico de #CrisisClimática y extinción masiva donde nos encontramos.

“Las trayectorias actuales no permiten alcanzar los objetivos para conservar y utilizar de manera sostenible la naturaleza, ni lograr la sostenibilidad, y los objetivos para 2030 en adelante solo serán factibles mediante cambios transformadores en las esferas económica, social, política y tecnológica”, remarcan. Es importante comprender que no se pueden modificar los impulsores directos del deterioro de la naturaleza “sin un cambio transformador que aborde simultáneamente los impulsores indirectos”.

¿Cuáles son las claves para cambiar nuestro futuro? Empecemos por lo que los autores denominan “intervenciones” o “palancas” principales para responder a los impulsores indirectos subyacentes del deterioro de la naturaleza: 1) incentivos y creación de capacidades; 2) cooperación intersectorial; 3) medidas preventivas; 4) adopción de decisiones en un contexto de resiliencia e incertidumbre; y 5) derecho ambiental y su aplicación. Utilizar estas palancas sin duda requerirá nuevos recursos (sobre todo para los países del sur global) y, para ponerlo más en concreto, puede implicar:

  • Diseño de incentivos y desarrollar capacidad para asumir responsabilidades ambientales, eliminando los incentivos perversos
  • Reforma sectorial y la segmentación de la adopción de decisiones para promover la integración entre sectores y jurisdicciones
  • Adopción de medidas preventivas y de precaución en las instituciones regulatorias y de gestión y a nivel empresarial para evitar, mitigar y reparar el deterioro de la naturaleza
  • Gestión resiliente de los sistemas sociales y ecológicos para adoptar decisiones firmes aplicables a una amplia gama de escenarios
  • Fortalecimiento de las normas y las políticas ambientales y de su aplicación

Pero para que estas intervenciones sean exitosas y realizables en el contexto socioeconómico y político actual, generando transformaciones hacia la sostenibilidad, es importante encontrar los puntos de apoyo fundamentales, donde los esfuerzos y las intervenciones mencionadas antes pueden tener repercusiones excepcionalmente significativas. Los autores listan estos puntos de apoyo fundamentales:

  1. Perspectivas de lo que implica una buena vida
  2. Consumo y generación de desechos en su conjunto
  3. Valores y acciones
  4. Desigualdades
  5. Justicia e inclusión en materia de conservación
  6. Externalidades y teleacoplamientos
  7. Tecnología, innovación e inversiones
  8. Educación y generación e intercambio de conocimientos

Estos son puntos profundos del sistema complejo donde vivimos y, cualquier cambio puede verse reforzado.

Por ejemplo, sugieren “fomentar perspectivas de una buena calidad de vida que no entrañen un consumo material cada vez mayor”, lo cual sería cambiar el mindset (si pensamos en teoría de sistemas). Otro ejemplo interesante en el contexto actual es que trabajar para reducir las desigualdad (sobre todo en ingresos y en género) es fundamental para promover la sostenibilidad y que no se sobreexploten los recursos.

Un cambio real en muchos de estos puntos de apoyo y palancas no va a suceder sin resistencia de diferentes actores. En ese sentido, se necesitan “enfoques de gobernanza innovadores que sean integradores, inclusivos, informados y adaptativos” para aplicarlos eficientemente. Esos enfoques integradores deben centrarse en las relaciones entre los distintos sectores y políticas para asegurar que las políticas o intervenciones en el sistema tengan coherencia y efectividad reflejando valores de pluralidad y equidad.

“Nos dijeron que es un informe pesimista, pero es realista y optimista porque hay todavía esperanza. Tenemos una ventana de tiempo corta donde si se hace un cambio transformador, rápido y extremo se puede revertir parte del sistema. Parar la amenaza de extinción de todas las especies es probablemente poco realista, pero podemos trabajar para un mundo mucho mejor del que tenemos hoy y del que las proyecciones muestran para 2050, que es mucho peor del que tenemos ahora”, aseguró Sandra Díaz en una entrevista con El País.

Revertir la debacle de la naturaleza y mitigar el cambio climático al mismo tiempo que se resuelve la crisis de la desigualdad (entre otros problemas socioeconómicos) requiere un cambio transformacional que reorganice todo el sistema. Pero ejecutar las transformaciones que se necesitan en el sistema económico, político y social en el tiempo y escala que necesitamos puede ser provocado por una serie de intervenciones dirigidas especialmente a los puntos de apoyo fundamentales de las causas subyacentes o impulsores indirectos.

El reporte concluye que: “Si se colabora en la ejecución de intervenciones prioritarias en materia de gobernanza (palancas) dirigidas a puntos de intervención fundamentales (puntos de apoyo) podría impulsarse un cambio que transformase las tendencias actuales en otras más sostenibles. La mayoría de esas intervenciones pueden realizarse en diversos puntos y correr a cargo de todo un abanico de agentes, como organizaciones intergubernamentales, gobiernos, organizaciones no gubernamentales, grupos ciudadanos y comunitarios, pueblos indígenas y comunidades locales, organismos donantes, organizaciones científicas y educativas, y el sector privado, según el contexto”.

El desafío suena monumental y lo es. Pero este reporte me deja la leve esperanza de que “los encargados de adoptar decisiones disponen de una gama de opciones y herramientas para fomentar la sostenibilidad de los sistemas económico y financiero”.

Hay que apostar a que logremos a nivel global objetivos sociales amplios como eliminar el hambre y brindar los recursos que la humanidad necesita para seguir avanzando mientras mantenemos y restauramos el tejido de la vida que nos apoya a todos.

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