CARAVANA: Cómo el éxodo centroamericano salió de la clandestinidad

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Alberto Pradilla, periodista, fotografiado por Esteban Biba
Fotografía por Esteban Biba

Con esta entrevista a Alberto Pradilla, periodista y autor de Caravana, arrancamos la serie ‘Miradas Compartidas’, entrevistas realizadas por Sara Pedrola para Valor Compartido en las que ofrecemos diferentes visiones sobre temas sociales y medioambientales de la mano de sus protagonistas.


Las caravanas son una forma de visibilizar un éxodo que antes era clandestino. El 12 de octubre del pasado año desde San Pedro Sula (Honduras) miles de personas, pobres entre los pobres, se agruparon para cruzar andando la frontera.

Honduras, Guatemala, México. El camino era largo y el periodista Alberto Pradilla, tras un mes y medio siguiendo a la caravana llegó con ellos hasta Tijuana. Hasta donde miles de personas exhaustas esperaban en un campo de béisbol rodeados por un paisaje crudo y esperanzador: El muro. Solo eso.

La compilación de las crónicas que Pradilla escribe para el medio guatemalteco Plaza Pública da lugar a “Caravana”. Un libro poco amable y necesario que habla con crudeza sobre las razones por las que miles de personas deciden todos los días dejarlo todo para conseguir el sueño americano.

El primer capítulo del libro Caravana empieza con la crónica de un menor de edad que muere en Tijuana. La madre de Jorge Alexander tuvo que ir a reconocer su cuerpo que llegaba desde México metido en una caja al aeropuerto de San Salvador. ¿Por qué comienzas con el fracaso?

Comenzar con fracaso fue una casualidad, yo buscaba explicar el porqué la gente marcha y para eso era imprescindible contar de qué huyen. Sobre todo porque en ese entonces se empezaban a escuchar varias teorías conspiratorias sobre la caravana…

Si tú te vas de tu casa con toda la familia es que algo muy potente te está pasando y era importante regresar al origen: San Pedro Sula, considerada la ciudad más violenta del mundo durante muchos años y por otro lado, el lugar de donde sale la Caravana.

Cuando llego allá,  una antropóloga me cuenta que va a llegar el cuerpo de Jorge Alexander y nos encontramos con que Fanny, la mamá, no tiene como ir a recoger el cadáver de su hijo y ni siquiera como ir al entierro. Así que nos convertimos en sus taxistas y acompañantes.

¿Quiénes son los migrantes que van en la caravana?

Hay de todo. Familias enteras. Por ejemplo, recuerdo una familia, que eran vendedores de verduras de Tegucigalpa, que iban papá, mamá embarazada y cuatro niños sin separarse de una cuerdecita.

También hay jóvenes, muchas madres solteras con sus hijos, (esto contrasta con que apenas hay padres solteros con hijos). Son, en definitiva, gente jodidamente humilde, que no tiene los 8,000 USD que cuesta el pollero que les lleva de Centroamérica hasta EEUU.

Gente acostumbrada a sufrir con unos terribles historiales de violencia que lo único que les une es la esperanza en un camino incierto y esa idealización de Estados Unidos tan presente en Centroamérica.

 ¿Cómo era la relación entre y con los las personas que iban en la caravana?

Hay que destacar que la gente que viaja en la caravana viene de un contexto muy violento, son personas vulnerables que están viviendo momentos tensos y a pesar de todo esto, apenas se registraron peleas. En esta inmigración masiva, y lo digo por el hecho de ser visual, no por el número de gente, vimos lo mejor y lo peor de México.

Al principio hubo una empatía inmensa, en Oaxaca y Chiapas la gente abría las corralas y les ofrecían comida y lugar donde dormir, y eso se fue enfriando a medida que se llegaba al norte.

En Tijuana se empezó a extender el pequeño Trump que muchos llevan dentro y que por desgracia vemos como se ha extendido en la sociedad mexicana. También se empezó a caricaturizar a los migrantes como los mugrosos que vienen a invadir y que vienen de forma violenta.

Vivimos en un mundo donde reina la aporofobia (¿Qué es la aporofobia?) y lo que queremos es un migrante sumiso, que agacha la cabeza, que levanta la mano y que da las gracias.

Pero la Caravana los convierte en sujetos políticos, los empodera y ahora son personas de pleno derecho. Además los medios de comunicación les prestamos atención y nos pueden gritar: “¡Eh! Nuestra vida es una mierda y queremos irnos”.

Hay una parte de cinismo porque en realidad queremos una inmigración callada, en las sombras, que no se vea, y así si los matan no empatizamos, porque no vemos los cuerpos y tampoco los hemos visto caminar, exigir, pedir por su hijo… eso nos molesta, porque nos recuerda que Centroamérica es el patio trasero de EEUU y que lleva décadas diciendo “ustedes no pueden cambiar el estado de las cosas” a lo que las personas han respondido “si no las puedo cambiar, me voy a por mi pedazo de capitalismo”.

¿Qué solución ofrece el Gobierno mexicano  a las personas que inmigran para que se queden en México?

El plan que arrancó el ex presidente Enrique Peña Nieto (“Estás en tu casa”) desgraciadamente es muy similar al que AMLO quiere llevar a cabo en la actualidad: Convertir el sur de México, con sus estados más pobres, en una barrera a través del trabajo. “Quédate en el lugar donde menos se cobra, el que más se parece a tu país y en donde las pandillas siguen operando. Quédate aquí para no subir arriba y no molestar a los del norte.”

El Gobierno está ofreciendo a los migrantes una especie de regularización mediante una tarjeta de visitante regional que les permite trabajar en los Estados de Chiapas, Oaxaca, Tabasco y Campeche. Sin embargo, los que se quedan en estas zonas es porque han sido engañados, nadie se quiere quedar aquí por voluntad propia. También se ha dado el caso de que en CDMX les ofrecían trabajos de dudosa procedencia sin el control del Estado.

En Tijuana también reciben una tarjeta que les permite trabajar, principalmente consiguen un salario en maquiladoras e incluso en antros. Pero no olvidemos que Tijuana es una ciudad terriblemente violenta con un registro de 2,600 asesinatos en 2018. Aunque hablo con gente que vive allí, la mirada sigue puesta en el norte.

Siempre se habló de que el Gobierno mexicano, y concretamente la policía mexicana fue excesivamente benevolente con el paso de la caravana. Sin embargo, en el capítulo del libro en el que explicas cómo miles de personas intentan cruzar el río Suchiate (que va desde Guatemala a México) las fuerzas policiales se mostraron violentas y represoras. ¿Cómo fue en realidad el papel de la Policía a lo largo de todo el trayecto?

De eso tratan las Fake News, de que hoy en día esté registrada la idea de que el Gobierno fue laxo. Pero la realidad es que la gente que trató de pasar por el puente fue golpeada y gaseada. Ante esta situación, los migrantes, hicieron lo que se ha hechos siempre: Cruzar por el río Suchiate. Antes se hacía a las sombras y ahora a la vista de todos. Tienes 7,000 personas, con prensa internacional enfocándoles ¿vas a masacrarles?

Hubo momentos en los que vimos que incluso la Policía ayudaba a los migrantes en su desplazamiento. Estaban desbordados y al final, poco más podía hacer. Era un momento político en el que AMLO ya había ganado pero Peña Nieto seguía en el poder y miró hacia otro lado, no quería más sangre bajo su mandato.

La inmigración centroamericana ha existido de forma histórica, en manos de bandas criminales, subiéndose al tren de la Bestia o pagando miles de dólares a coyotes. Sin embargo, la protección y la visibilidad que les ofrece la caravana sí son novedosas. ¿Es un punto y aparte en la forma de inmigrar? ¿Crees que próximamente veremos más caravanas?

Pudo haber sido un punto y aparte y no lo será por la decisión del Gobierno de AMLO de criminalizar, perseguir y reprimir a los más pobres entre los pobres.

La Caravana lo que consigue es que las personas se protejan con lo único que tienen, que son sus cuerpos, y que los medios de comunicación, mediante el acompañamiento, dificultamos que pueda haber secuestros, ataques… Sin embargo, un año más tarde la Guardia Nacional creada por Andrés Manuel López Obrador, encapsula, detiene y reprime a migrantes africanos a 30 km de Tapachula.

La gente no quiere ejercer la desobediencia civil porque sí, lo que quiere es llegar, y con las tarjetas de residentes por motivos humanitarios que les ofrecen sí consiguen aplacar a los grupos grandes. Entonces ya tenemos a grupos menores en diversas caravanas a los que reprimen y tienen miedo.

En la actualidad la frontera está militarizada. La inmigración no va a parar, pero ahora se están subiendo otra vez a La Bestia y pagando a polleros.

Meses antes varias caravanas mucho más chicas se habían organizado en San Pedro Sula, ¿cuál fue el caldo de cultivo para que miles de personas a la vez un 12 de octubre digan “Ahora”?

Ese día había 200 personas y de repente los filma la televisión de Honduras, el canal más popular, y sale Bartolo Sánchez (activista) diciendo: “Si quieren ustedes marcharse, háganlo en grupo”.  Ese primer día había 200 y al día siguiente 1,000 y luego 3,000…

La gente vive con la maleta hecha, y cuando vio a un grupo de gente que marchaba pensó: “¡Ahora! vamos a intentarlo”. Es difícil ponernos en su piel, pero hay que entender que están en la mierda.

 ¿Has hecho seguimiento y te has encontrado con alguna historia de éxito?

Jonhy llegó hasta Mexicali en donde su familia pagó un pollero con 5,000 dólares para que cruzara. Ahora vive en Estados Unidos y ha conseguido un trabajo.

Fueron muchas las familias que lograron pasar y están ahora a la espera de un proceso de asilo. Cabe tener en cuenta que solo un 15% de centroamericanos lo reciben. Así que no sé cuántos de ellos serán deportados, pero por el momento llevan un año en Estados Unidos.

Situación actual en México

Cuando Trump dijo que México iba a pagar el muro tenía razón y lo está pagando. Hay una persecución terrible contra los migrantes y son cientos los que viven hacinados en Tapachula esperando poder moverse.

Los que están en camino, ahora lo hacen en grupos pequeños, o subidos a La Bestia, y éstos son los más vulnerables.

Además, el norte es un lugar horrible con el plan de “Remain in México” que hace que las personas solicitantes de asilo sean devueltas a ciudades peligrosísimas como Nuevo Laredo o Matamoros. Tenemos documentados más de 400 secuestros en manos de bandas criminales que les quitan lo poco que tienen.

“La frontera sur de Estados Unidos no entiende de hambre ni de pañales que escasean. Este ambiente de caos, de frustración y desesperanza; de gente tirada en el suelo, de mugre… El hambre es violenta, me repito. Miro hacia arriba. Exactamente sobre mi cabeza, como burlándose de todos, continúa el cartel: ‘Bienvenidos a México’. Bienvenidos, centroamericanos, a México.”

Extracto de Caravana

Conoce cómo conseguir el libro CARAVANA. CÓMO EL ÉXODO CENTROAMERICANO SALIÓ DE LA CLANDESTINIDAD en este enlace.

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